Colados en el transporte público de Noruega: un reto que golpea las ganancias y cambia la gestión de billetes y controles.

La escena es cada vez más común en las distintas ciudades y pueblos de Noruega: un bus de transporte público es detenido y abordado por los inspectores de tiquetes, de repente varios pasajeros desaparecen del autobús. La evasión de tiquetes del transporte público en Noruega se está convirtiendo en un serio problema para las empresas transportadoras. ¿Por qué ocurre esto en un país con un sistema de transporte público bien desarrollado y uno de los ingresos per cápita más altos del mundo?
Un problema del tercer mundo en un país del primero
Es posible que cuando algún latinoamericano piense sobre el tema de los colados en el transporte público, la imagen mental evocada sea la de sus connacionales evitando unas puertas automáticas o saltando torniquetes. Los habitantes de estas latitudes (los que se colan) suelen justificar estos comportamientos aduciendo el alto costo de los pasajes y la mala calidad del servicio obtenido por el pago.
Es necesario aclarar que si bien lo alegado pueda ser cierto en muchas ocasiones, esto no constituye una excusa válida para evadir el pago del pasaje. Sin embargo, ¿qué pasaría si este mismo comportamiento se traslada a un lugar en el que estos argumentos pierden rápidamente su peso? ¿Cuáles serían las razones de estos colados?
Pues bien, Noruega es ese país. Desde hace al menos un quinquenio las empresas transportadoras de uno de los sistemas más desarrollados del mundo están registrando un número de evasiones sin precedentes. Un hecho que no deja de resultar sorprendente teniendo en cuenta además que los noruegos hacen parte de las poblaciones con mayor poder adquisitivo del mundo.
Las posibles causas y las consecuencias de los colados en Noruega
Los gerentes de las compañías transportadoras argumentan que el problema incrementó desde que colarse dejó de ser un delito penal en 2015. “El sistema de transporte noruego es público, se paga con los aportes que realizan los pasajeros al comprar los billetes. No tiene sentido que si robas una chocolatina cometas un delito punible, pero cuando dejas de aportar intencionalmente al sistema de transporte no lo sea”, dijeron Thomas Iversen y Olav Gtotten (asesor jurídico y jefe de departamento del Consejo Noruego del Consumidor/Director General de la Asociación de Transporte Público)
A este vacío legal se sumó un fallo de la corte suprema noruega de 2020, en el que se aclaró que los guardias de seguridad, subcontratados por las compañías para hacer inspección de los billetes, no tenían el derecho legal de retener a las personas que se negaran a pagar y decidieran irse. Como consecuencia del fallo, la situación empeoró y algunas compañías se vieron en la necesidad de hacer que personal directo de la compañía hiciera presencia en los controles y acompañara a los guardias de seguridad, para que la retención pudiera realizarse legalmente hasta que los colados entregaran sus datos personales.
Un fenómeno cada vez más costoso
Cuando se identifica a un colado se le detiene para solicitarle sus datos personales y realizarle una multa de miles de coronas (varias veces el valor de un pasaje), cuyo monto se ha tenido que duplicar como respuesta a la crisis, dando buenos resultados en algunas ciudades del país. Sin embargo, se ha encontrado que la evasión del pasaje ha dejado de ser una cuestión y/o decisión de cada pasajero, pues se ha denunciado la existencia de grupos de Facebook y aplicaciones diseñadas para dar aviso a los colados sobre los momentos y sitios en los que se realizan los controles de los billetes. Por otro lado, la tecnología también ha contribuido al fenómeno desde la aparición y popularización de la compra y uso de tiquetes virtuales, pues ello le quitó la responsabilidad de verificación a los choferes de los autobuses.
Las pérdidas causadas por este problema, son millonarias. El déficit se eleva a alrededor de 100 millones de coronas anuales solo en una compañía de la ciudad de Oslo. En general, las transportadoras noruegas estiman pérdidas de ingresos cercanas al 10% de lo esperable cada año, y argumentan que, si pudieran contar con este dinero, podrían ofrecer más rutas y más buses. Esto complica el escenario económico del transporte, que desde hace años viene denunciando aumentos en sus costos de operación, contrastando con recortes injustificados de su presupuesto por parte del gobierno nacional.



