
Con más de 14 kilómetros de longitud y casi 300 metros bajo el nivel del mar, el túnel de Ryfylke -o Ryfylketunnelen– es una de las infraestructuras de transporte submarino más profundos del mundo.
Antes, el trayecto entre Stavanger y la región de Ryfylke dependía de ferris y del clima. Pero desde su apertura en el 2019, estas poblaciones han estado unidas a una profundidad impresionante, convirtiéndose, no solo en un gran avance de la ingeniería noruega, sino en una solución bastante avanzada para un problema cotidiano.
Conducir bajo el mar con naturalidad
Para muchos extranjeros, viajar a esa profundidad bajo el mar puede ser una aventura extrema. Pero para el noruego, es tan común como montar en bicicleta.
Dentro del túnel es todo limpio, amplio y silencioso, sin llamativas luces de colores, pantallas o distracción alguna para los conductores, haciendo del viaje una aventura directa, agradable y rápida.
El costo puede variar desde 64,96 kr hasta 357 kr (entre 7 y 40 dólares, apróximadamente), dependiendo de factores como, por ejemplo, el tipo de vehículo y su peso, el combustible que use, etc. Es importante destacar que los vehículos con cero emisiones de Co2 pueden tener descuentos, o incluso, excepciones en el pago del tiquete.
Para más información sobre los costos, visite: ferde.no/en/toll-stations-and-prices/ryfast
Noruega permanece unida incluso bajo el agua con el túnel de Ryfylke
Aunque para muchos el túnel de Ryfylke es un atractivo turístico, para Noruega, es una orgullosa pieza del rompecabezas que mantiene unida a una nación separada entre islas, fiordos y montañas.
Esta obra es una lección de cómo la ingeniería puede respetar y acompañar a la naturaleza, siempre manteniendo claro su objetivo: mejorar la vida de sus ciudadanos.


