Este es otro adelanto —tan inesperado como divertido— de una de las cincuenta historias que solo pueden ocurrir en Rever, dentro del universo de El pueblo invisible. Esta vez, la farsa se desata entre máscaras, risas y secretos que nadie quiere admitir.

En Rever, el aburrimiento suele ser más peligroso que las tormentas de nieve. Lo que comenzó como un intento del alcalde Karak por modernizar la economía local terminó en el fraude más humillante de la región. Bajo la dirección del oportunista Dravard, el presupuesto destinado a un carnaval cultural fue malversado para contratar a un grupo de mujeres de los barrios nocturnos de la capital, quienes fueron presentadas falsamente como representantes de colonias del norte.
La colisión entre la sobriedad luterana del pueblo y la exuberancia de las invitadas estalló en un evento marcado por el alcohol, la incompetencia administrativa y una confesión pública que dejó al descubierto el engaño. Rebautizado por la prensa nacional como el Carnaval de las Culonas, el episodio transformó a Rever en el hazmerreír de Noruega. Una crónica directa sobre la ambición torpe y el único año en que el pecado de la aldea no fue un secreto susurrado, sino un espectáculo bajo luces de neón.


