
Toda travesía humana, para ser comprendida, necesita ser nombrada. Cuando decidimos que este proyecto periodístico se llamaría Entre Fiordos, no buscábamos simplemente una referencia geográfica de postal; buscábamos un símbolo que explicara nuestra propia realidad y nuestra misión en estas latitudes del norte.
La palabra “Fiordo” (o Fjord en noruego) tiene una raíz fascinante que se hunde en el nórdico antiguo: fjörðr. Etimológicamente, este término está estrechamente vinculado con los conceptos de “ir”, “pasar”, “cruzar” o “atravesar”. En su esencia más pura, el fiordo no es solo agua contenida por montañas; es un camino, un punto de paso que permite al mar adentrarse en el corazón de la tierra para crear un refugio de aguas tranquilas.
Al observar el paisaje noruego, es inevitable que la memoria regrese a nuestras raíces. Noruega y Colombia comparten una característica vital: la abundancia hídrica. Ese correr del agua que define nuestras geografías crea un lazo invisible entre ambos mundos. Sin embargo, la naturaleza aquí se manifiesta de una forma diferente, única e imponente; una fuerza indómita que dicta sus propias reglas y que nos obliga a mirarla con un respeto renovado. El fiordo es, quizás, la expresión más alta de esa naturaleza singular donde el agua dulce y la salada se encuentran en un abrazo eterno.
Para nosotros, como periodistas que han cruzado un océano, el nombre Entre Fiordos adquiere un sentido vital y transparente. Representa ese espacio de transición que estamos habitando. Actualmente, nos encontramos en Setermoen, viviendo este proceso de adaptación con la consciencia de quien está de paso, sabiendo que en cualquier momento nuestro destino puede cambiar de rumbo en este mapa nórdico. Por eso, no hemos echado raíces en un lugar físico, sino en una misión: ser un puente de palabras. Así como el fiordo es un camino de agua que permite atravesar la montaña, nuestro periódico aspira a ser ese camino que conecte la realidad de esta nación con la audiencia global que conoce el idioma español.
Vivir “entre fiordos” es aprender a observar la profundidad. Estas formaciones, talladas por el hielo durante milenios, nos enseñan que la verdadera belleza y el bienestar sólido requieren tiempo y paciencia. Es esa misma solidez la que buscamos imprimir en nuestras notas y crónicas, sin importar desde qué rincón de Noruega las escribamos mañana. Al llamar a nuestro medio Entre Fiordos, estamos declarando que escribimos desde el asombro y el respeto. Es una invitación al lector para que “atraviese” con nosotros la superficie de los clichés y se sumerja en la verdadera esencia de este país. Porque en la raíz de la palabra Fiordo está el movimiento, y nosotros —padre e hijo— hemos venido aquí para avanzar en el conocimiento de esta sociedad y compartir su luz con el mundo.


