
Å es un pueblo ubicado al norte de Noruega, cuyo nombre significa “arroyo” o “río pequeño” en el idioma local. Pero detrás de esa única letra se esconden características insólitas, siendo una de las localidades con el nombre más corto del mundo.
Tiene unas cuantas casas de pescadores pintadas de rojo y una población fija que oscila entre 64 y 75 habitantes, siendo una de las más pequeñas del norte.
Pertenece a las Islas Lofoten. Es la última población del archipiélago y está ubicada en la curva final de la carretera E10, donde la vía se rinde ante el mar. Hasta ahí llega el camino. No hay más casas. No hay más nada.
Å: un nombre corto para un lugar inmenso
Hoy es un destino turístico, pero también un testimonio de la economía que moldeó el norte de Noruega: la pesca del bacalao skrei. Las casas secadoras —los famosos rorbuer— se conservan como en los viejos tiempos. Allí se colgaban miles de peces al viento ártico para convertirlos en stockfish, un alimento que durante siglos abasteció a buena parte de Europa.
Recorrer Å es caminar por un museo al aire libre. La historia no está detrás de vitrinas, sino en las paredes, en los muelles y en ese olor salado que se mete entre las tablas.

Una de las atracciones más fotografiadas es el letrero que marca el final de la E10. Es una parada obligatoria para los visitantes. Ese letrero se convirtió en uno de los más robados del país. Tanto, que las autoridades tuvieron que reforzarlo para evitar que desapareciera cada verano.
Å es un paraíso para quienes aman la fotografía, el silencio y los paisajes que parecen detenidos en el tiempo.
No todo el mundo puede vivir aquí, ya que el invierno llega con vientos que golpean como mazos y noches que parecen no terminar.



