
No fue sino hasta 1979 que se realizó la primera revisión acerca del rol de las mujeres en la resistencia durante el periodo de ocupación nazi de Noruega (entre el 9 de abril de 1940 y el 8 de mayo de 1945), trabajo realizado por Celine Wormdal. Se tuvo que esperar hasta el año 2020 para que Mari Jonassen publicara la primera investigación exhaustiva del tema con el libro “Mujeres Noruegas en la guerra”, que obtuvo valiosa información a partir de cientos de entrevistas que habían permanecido archivadas y ocultas en el Museo del Frente Interno Noruego.
Una historia de resistencia menospreciada
Aunque las mujeres del movimiento de resistencia arriesgaron sus vidas durante la Segunda Guerra Mundial, tras la culminación de la misma no fueron mencionadas, o simplemente fueron reducidas como anfitrionas de refugio o esposas de líderes de la resistencia. Por muchos años, se minimizó el hecho de que ellas también lucharon codo a codo con los hombres (alrededor de mil se enlistaron como combatientes), también fueron prisioneras, algunas torturadas y ejecutadas.
Tras el primer año de la guerra, las mujeres guardaron silencio para protegerse. Muchas fueron condenadas públicamente por haber sido vistas cerca de un alemán, o por haber trabajado para el enemigo, aún cuando los objetivos reales eran de infiltración en las líneas enemigas. Ante el riesgo de dañar su reputación, y de exponerse al linchamiento público, prefirieron guardar un silencio prudente y solidario. También, muchas veces la condena vino desde su propia familia. Fueron apartadas de desfiles y reconocimientos a los héroes de la guerra.

El rol de las mujeres mujeres en el frente interno
En números, más de 4.000 mujeres fueron hechas prisioneras políticas, de las cuales cinco murieron en cautiverio. Más de 150 fueron enviadas a campos de concentración en Alemania, siendo once las que perdieron la vida. Tres murieron en combates directos, tres fueron ejecutadas, y cuatro murieron tratando de huir a Inglaterra. Las cifras no declaradas se consideran más elevadas.
Hubo mujeres que lideraron destacadas organizaciones de inteligencia como Milorg (una de las fuerzas nacionales de resistencia junto a Sivorg) y XU (Universidad Xavier). En Milorg, Inger Johhanne Strømme fue su líder desde 1943 a 1945 (año en que fue arrestada). En Xu, Anne Sofie Strømmæs fue su subdirectora, de la que muchos se sorprendieron al descubrir que el alias de “Aslak” pertenecía a una mujer tejedora joven.
Las mujeres conformaron hasta el 30% del movimiento de resistencia comunista. Participaron como mensajeras, y en actos de sabotaje y liquidaciones. Ocho mujeres que hicieron parte del grupo de sabotaje Osvald (subordinado al servicio de inteligencia NKVD soviético) fueron condecoradas con medalla de participación y/o placa de plata en 2013.
Hubo participación de mujeres en el frente interno de resistencia (Hjemmefronten), específicamente en la fuerza nacional reconocida Sivorg. En esta, participaron en la lucha por el cambio de mentalidades, promoviendo la llamada Acción parental, en la que lograron que 30 mil padres enviaran cartas idénticas de protesta al Ministerio de Iglesia y Educación, constituyendo la movilización más masiva durante la guerra. La resistencia civil, también se expresó con la fundación y difusión de periódicos y revistas clandestinos ideados y producidos por mujeres.


