
Para pocos es un secreto que la riqueza de Noruega proviene en buena parte de la explotación de hidrocarburos. Por otro lado, en cuanto a su consumo energético interno, el petróleo y el gas son unas fuentes en vía de extinción. Hay quienes señalan este hecho como contradictorio, con tintes hipócritas, llegando a titularlo como “la paradoja noruega”. Sin embargo, en esta discusión no suelen tenerse en cuenta sus formas de producción y extracción de hidrocarburos, únicas en el mundo.
¿Es Noruega realmente hipócrita con el medio ambiente cuando extrae sus hidrocarburos?
Un país líder en la reducción de la huella de carbono en hidrocarburos
Noruega es un país pionero en la reducción de huella de carbono producida por las actividades de explotación petrolífera. Las cifras son categóricas: para el año 2025, el promedio mundial de CO2 producido por barril de petróleo era al menos el doble que el noruego. En cuanto al gas, el promedio mundial de CO2 producido por unidad de gas natural licuado era al menos 11 veces mayor.
Noruega es, con diferencia, el país del mundo que menos produce CO2 por cada barril de petróleo o unidad de gas que extrae.
Por supuesto, dichas cifras no se alcanzaron casualmente. Son múltiples las estrategias que ha implementado el país para procurar una extracción cada vez menos perjudicial para el medio ambiente, y sus altos (y progresivos) estándares son considerados los más exigentes dentro de la industria petrolera. Todo ello impulsado por las políticas ambientales y acuerdos entre las autoridades y compañías para la investigación, desarrollo tecnológico e incremento del conocimiento.

¿Qué hacen para reducir la huella ecológica?
- Medidas de eficiencia energética: Las plataformas de extracción cuentan con novedosos sistemas de manejo de la energía, así como equipos (compresores, bombas) diseñados para ofrecer una mayor eficiencia energética y reducir las emisiones. Esto incluye la instalación de sistemas de turbinas de gas de ciclo combinado, en las que el calor emitido por estas es usado para generar vapor de agua y producir electricidad.
- Separación del CO2 del gas: Desde 1996 el CO2 es separado y retirado del gas natural, luego es almacenado de vuelta en el campo. Con este método, cada año se separan y retornan más de un millón de toneladas de CO2.
- Complementación con la red eléctrica y campos eólicos: Las plataformas de extracción son suplementadas total o parcialmente con lineas energéticas provenientes de la costa, de esta manera se disminuye la emisión de gases por combustión de turbinas y generadores de energía a gas. En 2023, culminó la construcción del primer campo eólico marino del mundo para suplementación de energía a plataformas petrolíferas.
- Impuesto al carbón: En 1991, Noruega se convirtió en uno de los primeros países del mundo en aplicar tasas de impuesto a las emisiones de carbón (el primero fue su vecino Finlandia en 1990). Así, las tasas que impone a la combustión de gas, aceite o diesel, y a la emisión de gas natural, constituyen unas de las más caras del mundo, generando alrededor de 6.700 millones de dolares solo en el año 2023.
- Mercado de carbono: En 2008 Noruega, se unió al Sistema de Comercio de Emisiones (SCE) de la Unión Europea, lo que implica un cumplimiento estricto de metas de emisión de CO2, que se reducen progresivamente año tras año.
Con medidas similares a las anteriores, también se ha logrado la reducción significativa de la emisión de otros componentes relacionados con la explotación petrolífera, como son los Nox (gases óxidos nítricos, que acidifican el agua y el suelo, con efectos deletéreos en los ecosistemas) y los NMVOC (Compuestos órganicos volátiles no metano, que contribuyen a la formación del agujero en la capa de ozono y al efecto invernadero).
- Descargas al océano: Los principales componentes vertidos al mar son el agua de producción, los recortes de perforación, los residuos químicos y el cemento procedente de las operaciones de perforación. Los vertidos al mar se reducen mediante el tratamiento previo al vertido, la deposición bajo el lecho marino o el tratamiento de elementos químicos como residuos peligrosos.
Teniendo estos elementos en consideración, puede entenderse como el interés y trabajo noruego por el cuidado del medio ambiente persiste incluso en escenarios aparentemente contradictorios como la explotación de hidrocarburos. De hecho, sus prácticas y tecnologías relacionadas son frontera y ejemplo a seguir en su campo. No puede encontrarse incoherencia desde esta perspectiva, y mucho menos culpar a Noruega por ser la nueva, necesaria, responsable e irreemplazable proveedora energética de confianza para la UE tras la guerra de Ucrania.


