
A finales de la primera guerra mundial, el Tratado de Svalbard declaró la soberanía de Noruega sobre el archipiélago de islas, situado en el océano ártico a solo 670km del Polo Norte del planeta. Sin embargo, también se impusieron restricciones, una de ellas consistió en la prohibición de establecer cualquier tipo de base o actividad militar en las islas o sus alrededores. Ahora, Svalbard constituye un punto clave en las estrategias de defensa de la OTAN y Rusia.
Una tierra de nadie y de todos gracias al Tratado de Svalbard
Desde su descubrimiento en 1596 por los marinos holandeses (acontecimiento reclamado por noruegos y rusos, sin evidencia aún concluyente) las nueve islas que componen el archipiélago de Svalbard, y que acogen a los asentamientos humanos permanentes más septentrionales del mundo, fueron un territorio en donde marineros y exploradores de toda Europa del norte acudían para realizar trabajos de pesca y caza, donde las ballenas y las morsas fueron los principales objetivos.
El territorio, ocupado en su mayor proporción por nieve durante casi todo el año, no solía tener reclamaciones territoriales de ningún país, por lo que fue considerado “tierra de nadie y de todos” por décadas, y legalmente su estatus era de territorio común internacional. Sin embargo, tras los hallazgos de minas de carbón y la necesidad de reglamentar su explotación así como los derechos de los trabajadores, en febrero 9 de 1920 se firmó el tratado de Spitsbergen, conocido hoy como el Tratado de Svalbard, en el que las potencias de la Sociedad de las Naciones determinaron la soberanía Noruega sobre el territorio desde 1925.
A pesar del reconocimiento soberano, el tratado también impuso unas condiciones particulares a Noruega, referentes a los derechos, garantías de acceso y de actividad económica (pesca, caza y minería) por partes iguales a los ciudadanos de las naciones firmantes. En la práctica, esto mantiene el territorio como un lugar de cooperación y acceso internacional, en el que sus aproximados 3000 habitantes provienen de distintas naciones. Incluso, las islas albergan a Barentsburg, un lugar casi exclusivamente minero, considerado un “pueblo ruso” en su territorio.

La restricción a la actividad militar en el conflicto entre Rusia y la OTAN
El artículo noveno del tratado establece una restricción para establecer cualquier tipo de bases militares o actividades navales militares en el territorio de las islas: “Noruega se compromete a no crear ni permitir el establecimiento de ninguna base naval en los territorios especificados en el Artículo I, ni a construir ninguna fortificación en dichos territorios, que jamás podrán utilizarse con fines bélicos.”
La postura pacifista del mencionado artículo parece entrar en conflicto en el contexto actual, en el que los países de la OTAN (alianza de la que Noruega es un país fundador) disputan con Rusia sus respectivas estrategias de seguridad para el Polo Norte.
Al igual que Groenlandia, la ubicación estratégica del archipiélago lo convierte en un nodo necesario y casi obligatorio para la vigilancia del paso naval y submarino, y para el desarrollo y garantía de los planes de seguridad de ambas contrapartes. Así es como un territorio conminadamente pacífico se ve envuelto entre pujas y presiones.
Una de las vulnerabilidades reconocidas es la cibernética, pues Svalbard es el depositario de uno de los centros de acogida de datos satélites más importantes del mundo, y hasta al momento no existen salvaguardas ante un posible ataque cibernético ruso contra dichas instalaciones. Además, las aguas del océano que rodean las islas pueden ser fácilmente convertidas en correderas de los submarinos nucleares rusos, ya que en los últimos años los ejercicios militares rusos se han acercado más a la zona.
Por otro lado, el conflicto entre Rusia y Ucrania ha exacerbado los sentimientos nacionalistas de los residentes rusos de Barentsburg (segundo centro urbano más grande del lugar), lo que los ha llevado a participar y manifestarse activamente en los desfiles nacionales del 9 de mayo ruso. Si bien la población residente en la isla es civil, a Rusia le interesa mantenerla como pie de fuerza, pues analistas estiman que la central minera de carbón del lugar no es realmente económicamente viable, y que los empleos de los mineros son mantenidos por el gobierno ruso como parte de su estrategia geopolítica.
Por su parte, la OTAN ha anunciado que reforzaran su compromiso en el ártico para hacer frente a la influencia rusa y china en la región. Los vuelos de vigilancia y las maniobras conjuntas han aumentado. Rusia ha acusado a la OTAN y Noruega de militarizar Svalbard e incumplir con las condiciones del tratado.

Imagen tomada por Mari Olsen, publicada por Stig Rune Pedersen en lokalhistoriewiki.no


