Friluftsliv urbano: más allá de la montaña

Friluftsliv urbano | Sociedad | Naturaleza | Noruega
Fuente: Fotorech via pixabay

Friluftsliv urbano, es la prueba de que en Noruega la naturaleza no es un lujo de fin de semana, sino una extensión de la acera. Si usted vive en una gran capital, lo normal es que para ver un árbol que no esté plantado frente a su casa deba conducir por un tiempo. En Noruega no, es por eso que decir la “selva de cemento” no aplica aquí. El sistema permite que la oficina y el bosque se den la mano. Mientras en medio mundo la gente se vuelve loca buscando cómo “desconectar”, aquí solo hay que cruzar la calle, justo después de salir de la última reunión del día.

La oficina cerca del bosque

Lo que hace diferentes a ciudades como Oslo, Bergen o Trondheim no son sus edificios, es que están metidas en mitad de la nada. El Friluftsliv no es un plan exclusivo para las vacaciones de verano; es lo que se hace un martes cualquiera cuando se tiene un espacio laboral de una hora.

Es la imagen típica: son las cuatro de la tarde, el metro está a tope de gente con traje y maletín, pero la mitad lleva unos esquís al hombro o una mochila de excursión. No es que se escapen del trabajo, es que se bajan en la última parada de la línea para hacerse unos kilómetros antes de que llegue la hora de cenar.

En Oslo está Marka, un bosque gigante que lo rodea todo. Da igual si usted vive en un estudio minúsculo en el centro; su patio de recreo empieza donde se acaba la acera. En Bergen o Stavanger, el mar es parte del paisaje diario. No es nada raro ver a alguien tirándose al agua helada del fiordo a las siete de la mañana para despejarse antes de entrar a trabajar. Eso es el Friluftsliv urbano.

Si no hay sol, se las ingenian: friluftsliv urbano

El gran truco de este estilo de vida es sobrevivir al invierno. Cuando a las tres de la tarde ya es noche cerrada, lo lógico sería tirarse en el sofá a ver series. Pero aquí no funciona así.

Ahí es donde sale la terquedad noruega. Si no hay luz, de alguna manera se las ingenian para obtenerla. Las pistas de esquí que rodean las ciudades tienen focos y, si no, se coloca una linterna frontal y a correr por la naturaleza. Eso de salir a como dé lugar es lo que mantiene la cabeza en su sitio a los noruegos.

Ciudades hechas para no agobiarse

Históricamente, aquí las ciudades se han hecho respetando el terreno y no al revés. No se trata de poner cuatro bancos y dos flores; se trata de que los ríos sigan su curso y que subir a la montaña sea gratis para todo el mundo.

Esta costumbre del Friluftsliv urbano es también una cura de humildad. En el sendero da igual lo que usted tenga en el banco; la cuesta es igual de empinada para el jefe de la petrolera que para el que está haciendo las prácticas. Arriba, todos sudan igual y todos comparten el mismo chocolate. Es una forma de no olvidar que, por muchos carros eléctricos y mucha tecnología que tengamos, coincidimos en que nos gusta es el olor a tierra y pasto.

Al final, el secreto de este país es que la felicidad está a diez minutos de casa. El Friluftsliv urbano es la manera de decir que no se quiere elegir entre las ventajas de la ciudad y la libertad de la montaña, sino ambas a la vez. Y mientras sea posible salir del trabajo y pisar hierba antes de que acabe el día, serán afortunados.

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