
Noruega y el fin del mundo:
El norte polar ha sido siempre un lugar inhóspito para el ser humano, el frío y su clima extremo hacen que un territorio que cubre el 8% de la superficie terrestre apenas albergue a alrededor de 4 millones de personas en la actualidad. Nunca ha sido fácil vivir allí (ahora, tal vez lo sea un poco).
Para los antiguos pueblos vikingos, el mundo no solo era un lugar de naturaleza agreste e inviernos largos, oscuros y crueles, en el que había que luchar cada día por la supervivencia, era también un sitio irremediablemente condenado a la destrucción desde el marco conceptual de las mitologías nórdicas. Paradójicamente, incluso hasta nuestros días es relativamente pequeña la exposición y conocimiento sobre una civilización cimentada y asociada históricamente a los confines del mundo conocido.
La llegada del castigo del norte
Montesquieu afirmó en su teoría de los climas, que este determinaba en gran medida las costumbres, leyes, pasiones y sistemas políticos de una sociedad, sugiriendo así que el entorno físico moldea la psicología y la cultura humana. En cuanto a la historia vikinga, quizá podría afirmarse que efectivamente los climas agrestes producen hombres severos.
Para la edad media, a puertas de la llamada Era Vikinga (Siglos IX y X), Noruega presentaba una escasez de tierra fértil, concentrada únicamente en las proximidades de los fiordos y sus valles. Los largos inviernos generaban a menudo cosechas insuficientes, a pesar de la siembra de cereales resistentes al frío como el centeno, la avena y la cebada. Esta tensa situación provocaba numerosos conflictos internos entre clanes por el control del suelo productivo.
En dicho momento se vieron beneficiados por una fase de mayor calentamiento solar, que permitió la expansión de las cosechas, tanto en superficie como en diversidad agrícola, en la que se introdujeron nuevas especies de hortalizas. Esto facilitó la caza durante el invierno y conllevó a una explosión demográfica imposible de sostener. La abundancia consolidó la competencia y los conflictos, así como el asentamiento de los primeros reinos vikingos. Hasta entonces comerciantes, los vikingos se percataron de las tierras fértiles e indefensas de sus vecinos: comenzaron así las oleadas de ataques e invasiones, dando inicio a la Era Vikinga.
En su sorpresa y asombro, algunos cronistas continentales de la época describieron a los invasores “como seres rodeados de misterio, agentes de castigo sobrenatural más allá de la carne y la sangre”. Incluso, algunos clérigos ingleses llegaron a afirmar que los vikingos eran un castigo enviado por Dios por apartarse de su camino, siendo un acontecimiento de proporciones e implicaciones apocalípticas.

Una tierra de paganos y monstruos que sobrevivió en Noruega
Los vikingos se hicieron famosos en Europa no solo por sus conquistas sino por sus creencias, totalmente ajenas al pensamiento cristiano medieval. Creían que el mundo terminaría el día en que dioses y monstruos tuvieran su batalla final en el Ragnarök, destruyendo el cosmos como daño colateral y conllevando a la creación de un mundo nuevo. A su vez, parte de su feracidad en batalla residía en la creencia en que tras morir al filo de la espada serían llevados por las valquirias a los palacios del dios Odín en el Valhalla, en donde disfrutarían de fiestas y batallas sin fin hasta su participación en el Ragnarök.
Las creencias y cultura vikinga resistieron los procesos de cristianización de la península, impulsados e impuestos por lo reyes Olaf Tryggvason y Olaf II en los siglos X y XI. Noruega se convirtió así en una provincia Católica Romana hasta el siglo XVI, en el que el rey danés Cristian III impuso el Luteranismo en los territorios del reino de Dinamarca, del que hacía parte Noruega. Esto volvió a alejar a las tierras noruegas de las concepciones civilizadoras de la Europa Católica, convirtiéndolas nuevamente en lugares inhóspitos de paganos y herejes.
A pesar de la expansión de la nueva religión, y de las limitaciones propias de la transmisión exclusivamente oral de la mitología nórdica, son muchos los elementos de las creencias y la antigua cultura nórdica que han sobrevivido a nuestros días, como lo son las leyendas de los dioses y seres nórdicos, los famosos y adelantados para su época barcos vikingos, las iglesias cristianas en madera construidas con una mezcla de simbología cristiana y antigua, y por supuesto, la motivación para prosperar y disfrutar de la naturaleza septentrional, que en su belleza y dureza única impulsa y motiva a sus descendientes.


